Desde Maxxa, fintech especializada en liquidez para pymes, explican qué mirar en el capital de trabajo, la razón corriente, la prueba ácida, el ciclo de conversión de efectivo y el flujo de caja proyectado, para evitar descalces en los meses de mayor exigencia. Su recomendación es ordenar la cobranza, los plazos con proveedores y el inventario, y recién ahí evaluar si pedir financiamiento.
Santiago, octubre de 2026 (EL GONG).- El último trimestre del año es uno de los períodos más exigentes para la caja de las pymes. Son pocas semanas en las que se juntan la compra de inventario para la nueva temporada; los sueldos de diciembre y los aguinaldos; las declaraciones mensuales de IVA y PPM, y el pago a proveedores. Al mismo tiempo, muchos clientes grandes cierran su año contable y, aunque la Ley de Pago a 30 Días acotó los plazos, concentran pagos o los difieren al cierre de su ejercicio, a lo que se suma que en enero y febrero la cobranza se ralentiza por las vacaciones.
Según el Ranking de Pagadores de la Bolsa de Productos, las facturas en Chile se pagan en promedio a 44 días, lo que representa 14 días adicionales al plazo establecido por ley. Felipe Hirane, CFO de Maxxa, fintech especializada en la liquidez para pymes, explica que “es una presión importante para las pymes, especialmente en el cierre de año, cuando aumentan las obligaciones financieras y la liquidez resulta fundamental para mantener la operación. Por ejemplo, una distribuidora que vende $30 millones mensuales y espera llegar a $50 millones en diciembre debe invertir $15 millones adicionales en inventario para responder a la demanda. Sin embargo, mientras paga a sus proveedores a 30 días, sus clientes lo hacen a 60 o 90 días, lo que genera un desfase de ingresos”.
Hirane afirma que “ahora es cuando se define todo. Si la pyme conoce sus números a comienzos del trimestre, cuando todavía tiene margen para cobrar, renegociar o buscar financiamiento en buenas condiciones, puede terminar el año tranquila”. En este sentido, la fintech propone cinco indicadores financieros que las empresas deberían revisar de aquí a diciembre, incluso si están vendiendo bien:
- Capital de trabajo: es el activo corriente menos el pasivo corriente, y permite saber si la empresa cuenta con suficiente respaldo para mantener su operación diaria. Señal de alerta: que sea negativo o que venga cayendo mes a mes.
- Razón corriente: es el activo corriente dividido por el pasivo corriente, y ayuda a evaluar la capacidad de pago de la pyme. Señal de alerta: que esté bajo 1, porque significa que las deudas de corto plazo superan los recursos para cubrirlas.
- Prueba ácida: es la misma razón corriente, pero sin contar el inventario, y muestra si la empresa podría pagar sus compromisos sin depender de vender lo que tiene en bodega. Señal de alerta: una diferencia exagerada con la razón corriente indicaría que la liquidez está en un inventario que todavía hay que vender y cobrar.
- Ciclo de conversión de efectivo: es el número de días que pasan desde que la empresa paga a sus proveedores hasta que recupera ese dinero de sus clientes. Se calcula sumando los días de inventario y los días de cobro, y restando los días de pago a proveedores. En el caso de la distribuidora, con 60 días de inventario, 75 de cobro y 30 de pago, el ciclo supera los 100 días: más de tres meses financiando la operación con recursos propios. Señal de alerta: que se alargue respecto al año anterior o que aumente en los meses de mayor venta.
- Flujo de caja proyectado: corresponde a la estimación del dinero que ingresará y saldrá del negocio, considerando las fechas efectivas de cobro (no las de facturación) y los compromisos financieros. Esta puede ser mensual o incluso semanal, pero muy importante es darle un horizonte de tiempo concreto en el que se pueda reaccionar frente a desafíos de caja. Señal de alerta: cualquier semana con saldo negativo, porque ese es el descalce que hay que resolver antes de que llegue.
Diagnosticar antes de financiar
Estos indicadores ayudan a las empresas a determinar si necesitan financiamiento externo, cuánto requieren y qué alternativa se ajusta mejor a sus necesidades. Así lo señala el ejecutivo, quien explica que “una pyme que registra un aumento importante en sus ventas, pero aún no recibe los pagos correspondientes, puede enfrentar problemas de liquidez. En ese escenario, una línea de crédito puede ser más adecuada que un financiamiento tradicional en cuotas”.
Para tomar estas decisiones, es fundamental priorizar las medidas que permitan mejorar la liquidez antes de recurrir al financiamiento externo. El primer paso es revisar las facturas vencidas y evaluar descuentos por pronto pago, seguido de la renegociación de plazos con proveedores y la liberación de inventario sin rotación. Si estas acciones no son suficientes, se recomienda evaluar un crédito cuyo monto responda a la necesidad real de financiamiento y cuyo plazo coincida con la fecha estimada de ingreso de los recursos.
En esta línea, el CFO de Maxxa advierte que “un error frecuente es pedir un crédito a 12 meses para cubrir un hoyo de 60 días, porque ahí la pyme termina pagando intereses por plata que ya no necesita”, reforzando la importancia de elegir alternativas de financiamiento acordes con los ciclos de caja y las necesidades reales del negocio.






