La caída humana y las cuentas pendientes de la sociedad. El caso Huaiquipán, más allá de los presuntos aberrantes delitos.
Por Gustavo Cid Asenjo
TEMUCO (EL GONG)
La noticia ha sacudido con fuerza al país: el exjugador de Colo Colo Francisco Huaiquipán Castillo fue detenido por la Policía de Investigaciones en la comuna de Los Vilos, tras permanecer prófugo, en el marco de una indagatoria llevada por la Fiscalía Sur. Enfrenta cargos gravísimos por los delitos de abuso sexual y violaciones reiteradas en contra de tres menores de su propio entorno familiar (un niño, una niña y un adolescente), con episodios que se remontan, según los antecedentes judiciales, hasta el año 2009. Un hecho de máxima gravedad que ha impactado profundamente a la sociedad y, de manera muy especial, al mundo deportivo y del espectáculo, que en su momento creyó y propició su supuesta reinserción.
Aquel intento de redención social se tambaleó públicamente en septiembre de 2021, cuando el exfutbolista fue detenido y posteriormente condenado por intentar ingresar 38 teléfonos celulares y drogas —como marihuana, cocaína y ketamina— al Centro de Cumplimiento Penitenciario Colina I, recinto donde uno de sus hijos cumplía condena por homicidio. Aquel episodio familiar, de amplia difusión mediática, culminó con una condena por tráfico de drogas que Huaiquipán cumplió en libertad vigilada, rodeado en ese entonces por el respaldo de sus excompañeros de profesión.
El exmediocampista se había ganado el respeto y la admiración de los hinchas albos no solo por sus cualidades futbolísticas, sino por su espíritu aguerrido para enfrentar a los rivales y su inclaudicable búsqueda del triunfo, impronta que también dejó en clubes como Santiago Morning, Everton y Antofagasta, además de breves pasos por el extranjero. Se creía que esa misma fortaleza mostrada en la cancha le permitiría sostener su condición de referente. Pero el apoyo y las segundas oportunidades —incluyendo su participación en programas de telerrealidad— no fueron suficientes. Detrás de la pantalla y del aplauso, se incubaba una faceta oscura y destructiva.

Difícil es determinar por qué.
Hoy se le acusa de delitos aberrantes que sepultan definitivamente la imagen pública de un hombre que alguna vez fue estandarte del esfuerzo deportivo. Los medios nacionales e internacionales han divulgado profusamente la noticia, enfocándose inicialmente en la crudeza de los cargos. Rara vez se indaga en lo que experimenta ese ser humano arrastrado a un extremo delictual, repudiado de forma lógica y unánime por la sociedad. Si resulta culpable, debe pagar con todo el rigor de la ley; los delitos imputados en un contexto de abuso intrafamiliar son, por definición, deleznables. Sin embargo, el ser humano sigue allí, quebrantado, protagonista de un fracaso profundo.
Y es aquí donde surge la pregunta inevitable, no como una excusa para exculparlo, sino como una herramienta para entender su itinerario: ¿cómo fue su proceso formativo previo al estrellato? ¿Cómo se gestionó la gloria, la reputación y la idolatría que generó? ¿Fue debidamente encausada, tratada profesional y empáticamente en función de sus orígenes? Cuando comenzaron a evidenciarse los desvíos respecto a su rol profesional, ¿se intentó neutralizarlos a tiempo? Tras el primer gran escándalo judicial, hubo solidaridad superficial, pero ningún acompañamiento psicológico o social profundo, porque para el sistema, Huaiquipán ya era un exjugador descartable.
Y en paralelo, si miramos a los jerarcas del fútbol hoy y lo asociamos a la situación de Huaiquipan, resultaría más nefasto y cruel. Prefieren fotos de vanidad incontrolable con líderes de la cuestionada FIFA, a preocuparse por los niños, jóvenes y adultos que están en su entorno de responsabilidad formativa. Títeres de intereses ajenos, pero propios, si entregan dividendos de poder y protagonismo o bien económicos, coimas en el caso anterior de Daniel Jadue.
Preocupados de ese entorno idílico que habrá de acabarse de una plumada, viajes, viáticos, fotos, asientos de privilegios para reverenciar al poderoso del fútbol mundial, mientras en Chile, aparte del caos que tienen, no muestran la “gracia divina” (porque no son dignos de ella) de mirar hacia el lado. La depresión, la angustia, un estado anímico cualquiera, un desvío social que asoma, no tiene espacio en estas mentes febriles, angustiados por una mísera cuota de poder, deplorados y CLAUSURADOS, por imperio de la ley, terminan siendo NADA…
Además, si hablamos de poder, el caso Huaiquipan, cobra un espesor social y mediático aún mayor en un momento en que la institucionalidad chilena atraviesa una profunda crisis de confianza —agravada por la polémica en torno a la gestión de penas a abusadores y la protección de la infancia—, tensionando los márgenes de la justicia.
Ante la gravedad de los hechos, Huaiquipán vivirá un exilio autoprovocado tras las rejas. Mientras tanto, la sociedad y sus instituciones —golpeadas por recurrentes y graves errores— continúan discutiendo la viabilidad de políticas de apoyo y reinserción que, en el caso de figuras caídas en desgracia como el ex deportista, parecen haber quedado definitivamente lapidadas.





