El virtual quiebre en la derecha tradicional, el desmoronamiento de los respaldos políticos clave y la delicada situación económica del país dibujan un escenario de extrema fragilidad institucional.
El golpe contra Rabat de la Fundación Jaime Guzmán, cuna ideológica del mandatario y de su doctrina política, puede generar un escenario aún más complejo, considerando la fractura en la derecha y una curiosa postura de la dirigencia de Renovación Nacional.
SANTIAGO (Enfoque editorial de EL GONG). – La administración del presidente José Antonio Kast atraviesa su momento más crítico y profundo desde el retorno a la democracia. Lo que comenzó como una controversia circunscrita al Ministerio de Justicia por los cuestionados decretos de rebaja de condenas a sentenciados por delitos sexuales contra menores —y la consecuente salida del exsubsecretario Luis Silva— ha escalado hasta convertirse en una crisis global del Gobierno y de sus sectores aliados. El virtual quiebre en la derecha tradicional, el desmoronamiento de los respaldos políticos clave y la delicada situación económica del país dibujan un escenario de extrema fragilidad institucional.
Turbulencias en tierra
En este turbulento contexto, el mandatario emprendió rumbo a Europa a bordo de una aeronave de la Fuerza Aérea de Chile (FACH). La comitiva oficial incluye un componente particularmente sensible: la presencia de la presidenta de la Corte Suprema, con quien el Ejecutivo mantiene profundas diferencias de criterio respecto a la denominada «doctrina» de rebaja de penas impulsada por el Ministerio de Justicia. Durante el trayecto, Kast aprovechó de sostener intensas conversaciones con los presidentes del Senado y la Cámara de Diputados para exigirles que cierren filas en una defensa férrea del ministro Fernando Rabat. Sin embargo, el margen de maniobra se estrecha a pasos agigantados.
El golpe de la Fundación Jaime Guzmán y la fractura en la derecha
El golpe más duro para la estrategia de supervivencia del Ejecutivo provino de su propia cantera formativa. La declaración de la Fundación Jaime Guzmán —histórica cuna del gremialismo chileno y bastión ideológico de la derecha tradicional previo a la irrupción de Republicanos y Libertarios— sentenció que el ministro Rabat debe dejar el cargo, según consigna hoy, por ejemplo, el diario El Mostrador
A través de declaraciones públicas, Claudio Arqueros, director de Formación de la entidad, afirmó que “no tiene sentido” mantener al ministro y advirtió que la crisis golpea de lleno el discurso de seguridad que llevó a Kast a La Moneda. Para analistas y académicos, la tozuda e impopular defensa del presidente responde más a un afán ideológico de proyectar firmeza ante una percepción generalizada de debilidad y falta de liderazgo, dejando al Ejecutivo prácticamente estéril en su capacidad de conducción política.
Esta fractura se tradujo en un fuego cruzado entre partidos oficialistas y aliados. Mientras Renovación Nacional (RN) decidió alinear filas para evitar repetir las conductas de oposición frontal que el Partido Republicano tuvo en su momento contra el segundo gobierno de Sebastián Piñera, la UDI mantiene profundos reparos y recriminaciones mutuas con el entorno republicano, evidenciando que la coalición oficialista está al borde de la disolución táctica frente a la crisis.
Un flanco abierto en el Congreso y turbulencias económicas
A la crisis política se suma el inminente riesgo legislativo. El líder del Partido de la Gente (PDG), Franco Parisi, anunció que su bancada de diputados apoyará la acusación constitucional que prepara la oposición. El voto del PDG resulta numéricamente clave para alcanzar la mayoría necesaria en la Cámara baja, lo que deja a Rabat —quien recientemente confirmó estar en calidad de imputado por presunta prevaricación administrativa en la Fiscalía— prácticamente sin red de contención parlamentaria.
Paralelamente, el viaje del presidente Kast a Europa ha sido severamente cuestionado por diversos sectores. Las críticas apuntan a que, en medio de la peor crisis republicana de las últimas décadas, el mandatario priorice una agenda de carácter no oficial enfocada en reuniones con referentes de la extrema derecha europea.
Para agravar el panorama, los índices económicos dados a conocer este lunes mostraron señales preocupantes, reportando una caída y un frenazo importante en la actividad minera, el principal motor de ingresos del país.
Entre la presión judicial, el rechazo ciudadano abrumador a la continuidad de Rabat, el malestar de sus propios aliados históricos y un flanco económico adverso, el Gobierno de Kast enfrenta su prueba de fuego más compleja, con un liderazgo presidencial severamente cuestionado de manera transversal.





