Investigadores de la Universidad de Pisa documentaron una relación social y sexual sostenida entre dos machos de especies distintas, un comportamiento que, según el estudio, no se explica solo por la falta de parejas disponibles.
Un toro y un burro que pastan en una meseta de Etiopía se convirtieron en protagonistas de un estudio científico publicado en la revista Current Biology. La investigación, liderada por la Universidad de Pisa, en Italia, documentó un vínculo continuado entre ambos machos, a quienes los investigadores bautizaron como Achille y Patroclo, en alusión a los personajes de la mitología griega.
El hallazgo fue casual. El equipo se encontraba en terreno estudiando a los geladas, un tipo de primate propio de esa región africana, cuando notó que el toro montaba al burro sin que este intentara esquivarlo ni reaccionara con una coz o alguna otra conducta defensiva. Esa escena llevó a los científicos a observar la relación de manera sistemática.
Un toro y un burro, dos machos y… ¿Una historia de amor homosexual? Aquiles es un toro y Patroclo un burro. Cada vez que coinciden sus rebaños, se buscan y pasan tiempo juntos…. https://t.co/fyW9ZUX0cQ
— Shangay (@Shangaycom) November 3, 2026
Entre el 6 y el 19 de marzo de 2026, los investigadores registraron 51 actos de monta entre ambos animales, que pertenecían a dueños distintos y solo coincidían en los potreros. Lejos de tratarse de episodios aislados, las interacciones formaban parte de una relación cercana y constante. El toro y el burro buscaban permanecer juntos y se lamían, se frotaban y se acariciaban con el hocico, tanto antes como después de la monta. Patroclo, además, solía ofrecer sus cuartos traseros a Achille y le daba pequeños mordiscos.
Lo que más llamó la atención de los científicos fue el carácter selectivo del vínculo. Ambos animales convivían con machos y hembras de su propia especie, pero no mostraron interés en montarlos. En cambio, cuando el toro intentó montar en dos ocasiones a otro burro macho, este reaccionó con claras señales de rechazo, como aplastar las orejas y adoptar gestos amenazantes.
Elisabetta Palagi, investigadora de la Universidad de Pisa y coautora del trabajo, explicó que lo sorprendente fue que estas interacciones eran parte de una relación social muy selectiva y sostenida entre los dos individuos. En la misma línea, su colega Martina Francesconi señaló que la clave del estudio no está en la monta en sí, sino en que esta conducta se insertaba en una relación social más amplia. Agregó que el comportamiento no se explica fácilmente por la falta de alternativas de apareamiento, aunque reconoció que todavía no es posible precisar qué función cumplían esas interacciones.
Los autores sostienen que el caso aporta a la comprensión del comportamiento sexual como un rasgo social complejo que va más allá de la reproducción. Uno de los aspectos que más interés despierta es la alta frecuencia de contacto afectivo después de la monta, lo que, según el estudio, parece servir para prolongar la interacción social más allá del acto sexual.
Para Palagi, la gran pregunta pendiente es qué mecanismos y posibles beneficios hay detrás de estas conductas. Entre las hipótesis planteadas están el mantenimiento de las relaciones, la reducción de la tensión o una combinación de motivaciones sociales y sexuales. La investigadora indicó que el objetivo a futuro es comprender mejor cómo las relaciones sociales moldean el comportamiento sexual y cómo la flexibilidad de conducta permite a los animales desenvolverse en entornos sociales complejos.
Las relaciones entre animales del mismo sexo son frecuentes en la naturaleza, pero este caso destaca porque involucra a dos especies distintas que, pudiendo elegir parejas de su propia especie y del sexo opuesto, se prefirieron mutuamente.
Con información de EFE.






