«La única diferencia es que pude pagar terapia»: una víctima de presuntos abusos en la Unidad de Psiquiatría del Hospital de Puerto Montt cuenta su historia tras la muerte por suicidio de su compañera denunciante

Nota de la Redacción: Con el fin de resguardar la privacidad y dignidad de las familias, todos los nombres utilizados en este artículo son ficticios para proteger la identidad de las pacientes y funcionarios investigados. Los hechos expuestos corresponden al testimonio aportado por la denunciante.
Por Javier Barria Vera, editor Sociedad Periodística del Sur, SOPESUR | Puerto Montt, agosto de 2026
Esta investigación fue desarrollada por la dirección y el equipo de investigación de Fresia Ahora, medio digital que integra SOPESUR (Sociedad Periodística del Sur SpA), junto con los diarios www.elgong.cl y www.fresiaahora.cl. El trabajo documenta el testimonio de una víctima que accede a contar su historia detallada tras enterarse de la muerte de su compañera denunciante.
En noviembre de 2024, medios nacionales reportaron las primeras denuncias de abuso sexual en el Hospital Regional de Puerto Montt. Desde entonces, más de un año y medio ha transcurrido sin avances sustantivos en la investigación.
Fresia Ahora publica este testimonio porque una víctima decidió contar su historia completa.
2021: El origen del vínculo y la primera alerta desestimada
El vínculo entre ambas pacientes comenzó en 2021 durante un tratamiento ambulatorio en el Hospital de Día del recinto. Según relata Camila:
«Nos hicimos súper cercanas; teníamos edades parecidas, gustos parecidos, vidas parecidas. Ella era una mujer divertida, inteligente, cariñosa, muy creativa y tenía sueños como todo el mundo. Creo que todos le fallamos: las instituciones y el sistema en general».
Al recibir el alta médica, Sofía le reveló episodios de violencia sexual que había experimentado durante hospitalizaciones cerradas anteriores:
«Me contó lo que le había pasado cuando había estado internada, que era algo que le había pasado muchas veces, muy violento, donde terminaba con heridas, con dolor, y donde habían amenazas de los agresores recordándole que nadie le iba a creer».
Camila intentó buscar auxilio institucional acudiendo a la jefatura de enfermería del recinto:
«Fui y le conté porque sentía tanto miedo de que esto le pasara a alguien más, a las niñas más chicas sabiendo que a ella le empezó a pasar a los 18 años. El enfermero me dijo que ‘no se le podía creer a una paciente psiquiátrica’ y que no me preocupara porque iba a activar protocolos. Nunca se activó absolutamente nada».
Sedación, maltrato y mecanismo de cooptación
Tiempo después, Camila ingresó a la Unidad de Psiquiatría por una descompensación severa. Según su testimonio, el ambiente dentro de la sala estaba marcado por hostilidad del personal técnico (TENS):
«Las enfermeras nunca lidiaban contigo directamente. Más de una ocasión escuché que se me administraban más medicamentos de los aprobados porque decían que ‘si no, íbamos a despertar antes’ o era para que ‘jodiéramos menos’. A veces podías estar simplemente llorando y te amarraban; en más de una ocasión te golpeaban, eran muy crueles con el trato».
En ese estado de vulnerabilidad extrema y alteración farmacológica, dos funcionarios técnicos identificados como Andrés y Claudio habrían iniciado una dinámica de acercamiento progresivo:
«Se me acercó porque yo era amiga de Sofía. Yo estaba súper dopada todo el tiempo, las TENS me trataban pésimo y esta persona empezó a decirme que la situación le daba pena. Nos traía chocolates a ambas, nos dejaba ver animé en su teléfono y empezaban de a poco a bromear, a introducir el tema, con contactos breves. Se me recordaba que era una suerte de ‘obligación de reciprocidad’. A mí me subieron las dosis, estaba cada vez más sedada, me quedaba dormida de pie».
De acuerdo con la requirente, esa estrategia derivó rápidamente en agresiones sexuales y violaciones reiteradas en espacios al interior del recinto:
«Tenían súper estudiado el circuito de cámaras y los turnos de revisión. Los otros técnicos sabían lo que pasaba, más de una vez les hicieron advertencias de que ‘se estaba notando'».
Pedido de auxilio ignorado y culpabilización institucional
Desesperada, Camila acudió al psicólogo del recinto intentando pedir protección de forma velada:
«Hablé con el psicólogo que había adentro y le dije que sentía que tenían que ponerme más vigilancia, que tenían que activar algún protocolo porque no sabía cómo decirles lo que estaba pasando, me daba vergüenza y asco. Pero no activaron ningún protocolo, no hablaron conmigo ni con la psiquiatra, nadie hizo nada».
La situación escaló durante un turno nocturno. Según su relato, uno de los funcionarios omitió intencionalmente su medicación para lograr que saliera de la sala. Al ser descubierta por técnicas de turno, en lugar de activar protección, la culpabilizaron:
«En lugar de activar cualquier protocolo de protección, se inventaron una historia alternativa. Se me culpó, me dijeron que era mi culpa ‘por haberme lanzado encima de su compañero’. Traté de explicar lo que estaba pasando y que quería denunciar, y me dijeron que tenía que afrontar las consecuencias de mis acciones».
Tras la salida de las funcionarias, la paciente asegura que el mismo técnico regresó para agredirla nuevamente. Al día siguiente, tras una breve entrevista con la psiquiatra sin medidas de resguardo, se tramitó su salida del servicio: «Me dieron el alta a los dos días, no porque estuviera mejor, sino porque querían sacarme de ahí».
La denuncia conjunta y los obstáculos en Fiscalía
Poco después del egreso de Camila, Sofía reingresó a la unidad. Allí escuchó directamente al personal técnico jactarse de lo ocurrido e incluso realizar comentarios denigrantes sobre pacientes con discapacidad. Decidió estampar la denuncia formal en enero de 2024.
Camila, al enterarse del acto de valentía de su amiga, decidió respaldar la acusación:
«Cuando supe que ella había sido valiente, sentí que no podía dejarla sola en esto y que si ella estaba denunciando por lo que a mí me había pasado, yo también tenía que hacerlo».
Sin embargo, la requirente expone que el proceso judicial ha enfrentado dilaciones significativas:
- Archivos provisionales: El Ministerio Público archivó la causa en dos oportunidades al estimar que no constituía delito, activándose sólo tras la difusión del caso en medios.
- Promesas sin concreción: Organismos públicos ofrecieron apoyo que nunca se tradujo en patrocinio legal activo ni en asistencia psicosocial efectiva.
«La única diferencia es que pude pagar terapia»
Ante la falta de tratamientos para estrés postraumático severo en la red pública, el Servicio de Salud del Reloncaví financió inicialmente seis meses de terapia especializada en el sector privado para Camila. Para mantener ese tratamiento y costear sus medicamentos, la joven debió sostener dos empleos de manera paralela a su carrera universitaria. Esa vía de acceso a tratamiento —aunque precaria y dependiente del esfuerzo económico personal— le permitió avanzar en su recuperación.
Sofía, en cambio, enfrentó un deterioro progresivo. Sin acceso a programas especializados de alta complejidad en la red pública y enfrentando el estancamiento de su denuncia en Fiscalía, experimentó fobia social, crisis de pánico e isolamiento que se profundizó año tras año. Mientras Camila trabajaba para costear su sanación, Sofía permanecía atrapada en un sistema que le ofrecía contención básica pero no reparación, sin perspectiva de que su caso avanzara ni de que recibiera la intervención que requería.
«A ella no solo le falló el sistema de salud pública, le falló el sistema judicial y todas las instituciones que debían haberla protegido. El sistema no está diseñado para que la gente sane: te estabilizan y te sacan. La única diferencia, lo único que hace que el día de hoy yo esté terminando mi carrera y mi compañera haya fallecido, es que yo pude costear terapia. No hay nada que nos diferencie más que eso», concluye Camila.
El Ministerio Público y el Poder Judicial mantienen investigaciones abiertas. Fresia Ahora ha solicitado declaraciones a:
- Dirección del Hospital Regional de Puerto Montt
- Ministerio Público
- al Ministerio de de la Mujer y Equidad de Género
Canales de orientación y apoyo
Si tú o alguien que conoces necesita apoyo emocional, orientación o se encuentra atravesando una crisis de salud mental, puedes comunicarte gratuitamente en Chile:
- Línea de Prevención del Suicidio (4141): Gratuita y disponible 24/7 desde cualquier teléfono celular.
- Fono Salud Responde (600 360 7777): Opción Salud Mental, atención confidencial y continua.
- Sernameg – Violencia contra la Mujer (1455): Atención especializada en casos de agresión sexual y violencia.





