Lejos de cualquier enfoque puramente protocolar o policial, recordar a Sebastián Lelio es celebrar a un artista que entendió que la cámara podía ser un instrumento de empatía, justicia poética y profunda humanidad. Conozca parte de una historia de talento y sentido humano.
SANTIAGO (EL GONG).- La partida prematura de Sebastián Lelio a los 52 años, conocida hoy, enluta no solo al cine chileno, sino a la cultura iberoamericana. Lejos de los titulares de la crónica roja, Lelio será recordado por su capacidad única de retratar la complejidad humana, dotando a sus personajes —en su mayoría mujeres fuertes, complejas y marginadas por los convenios sociales— de una profunda dignidad.
La consagración con Una mujer fantástica (2017): Fue la obra que puso a Chile en lo más alto de la industria cinematográfica mundial al obtener el Óscar. Más allá del galardón, la película abrió conversaciones urgentes y necesarias sobre la identidad de género, el respeto y los derechos de las personas trans en la sociedad, impulsadas por la inolvidable y sobria actuación de Daniela Vega.
Una filmografía memorable: Antes y después del Óscar, Lelio construyó un camino brillante con cintas como Gloria (2013) (maravillosamente protagonizada por Paulina García, ganadora en Berlín, y que luego adaptaría en Hollywood), La sagrada familia, Disobedience (su incursión en el cine internacional con Rachel Weisz y Rachel McAdams) y trabajos más recientes como La ola (2025).
Su sello: Sus historias siempre trataron sobre la emancipación, sobre romper moldes impuestos y sobre cómo las personas sobreviven y florecen en medio de la adversidad o la incomprensión de su entorno.
Su legado ya es parte fundamental de nuestra memoria colectiva y artística.

SU HISTORIA EN EL CINE Y DANIELA
Para entender la magnitud de Sebastián Lelio en la cultura chilena y global, hay que mirar su cine no solo como entretenimiento, sino como una profunda exploración de la intimidad, la resistencia y la dignidad humana.
¿Quién fue y qué hizo por el cine chileno?
Sebastián Lelio (egresado de la Escuela de Cine de Chile) fue uno de los directores fundamentales de la renovación del cine nacional a partir de los años 2000. Junto a una generación de talentosos realizadores, sacó a las pantallas chilenas de los márgenes y las conectó con grandes audiencias internacionales y festivales de élite (como Berlín, Toronto o San Sebastián).
Su gran sello distintivo fue poner el foco en personajes ordinarios enfrentados a dilemas extraordinarios, especialmente mujeres complejas, adultas o marginadas que se negaban a rendirse ante las imposiciones sociales. Antes de él, el cine chileno tendía a mirar casi exclusivamente hacia la macrohistoria o los traumas políticos; Lelio demostró que las microhistorias íntimas, los dolores cotidianos y la búsqueda de la libertad personal también podían tener una resonancia universal impactante.
Su consagración definitiva llegó con hitos como:
- Gloria (2013): Una tragicomedia sobre una mujer de 52 años que busca rehacer su vida amorosa, ovacionada en el Festival de Berlín y que cimentó su reputación internacional (al punto de que años después dirigiría en Hollywood su versión estadounidense, Gloria Bell, protagonizada por Julianne Moore).
- Una mujer fantástica (2017): La cumbre de su carrera, que le otorgó a Chile su primer Óscar a la mejor película de habla no inglesa (internacional) en 2018, un hito histórico para la industria audiovisual del país.
- Una carrera global: Lelio expandió sus horizontes dirigiendo producciones internacionales de gran nivel como Disobedience (con Rachel Weisz y Rachel McAdams), el drama de época El prodigio (con Florence Pugh), y trabajos enfocados en las dinámicas sociales como La ola.
¿Cómo y por qué eligió a Daniela Vega para Una mujer fantástica?
La génesis del personaje de Marina Vidal está profundamente cruzada por el propio proceso creativo de Lelio y su coguionista, Gonzalo Maza. En un principio, cuando empezaron a escribir la historia, no sabían con exactitud si la protagonista iba a ser un personaje cisgénero o trans, pero la investigación del guion los fue adentrando en la realidad de las mujeres trans en Chile, revelándoles un universo de vulnerabilidad pero también de una tremenda resistencia y elegancia.
Cuando decidieron que el personaje debía ser trans, Lelio conoció a Daniela Vega. En ese entonces, Daniela trabajaba como maquilladora y cantaba ópera de manera aficionada, sin una trayectoria formal en el cine de masas.
El proceso de elección y colaboración tuvo varios matices clave:
- Asesoría inicial que se convirtió en protagonismo: En las etapas tempranas de desarrollo, Lelio y su equipo contactaron a Daniela Vega para que funcionara simplemente como una asesora o consultora artística, para asegurarse de que el guion fuera respetuoso, veraz y ajeno a los clichés o caricaturas con los que el cine solía retratar a las identidades trans.
- El descubrimiento del talento: A medida que conversaban y trabajaban juntos, Lelio notó que Daniela poseía una presencia escénica magnética, una inteligencia aguda y una dignidad natural abrumadora. Se dio cuenta de que no solo tenía enfrente a la asesora perfecta, sino a la protagonista exacta que la película necesitaba.
- Una co-creación artística: El director decidió abrirle las puertas del rol principal, convirtiendo el rodaje en un espacio de constante diálogo donde la vivencia y la sensibilidad de Daniela nutrieron cada fibra de Marina. La combinación entre la dirección sutil, elegante y respetuosa de Lelio y la potencia interpretativa de Daniela Vega dio como resultado una obra maestra que cambió para siempre losimagarios sociales en Chile.
Lejos de cualquier enfoque puramente protocolar o policial, recordar a Sebastián Lelio es celebrar a un artista que entendió que la cámara podía ser un instrumento de empatía, justicia poética y profunda humanidad.





